Las calles de Santa Rosa de Sacco, en el corazón de la región Junín, guardan las memorias de una niñez marcada por la expansión de CENTROMIN y el pulso minero que definió la historia de La Oroya. Hoy, sin embargo, el paisaje urbano e intelectual del distrito cuenta otra historia: la de la migración constante de familias enteras en busca de oportunidades, el deterioro de espacios culturales y la urgente necesidad de reinventar el futuro.
En este escenario desafiante emerge Jonel Rosales Presentación, un contador público de 33 años ha decidido dar el salto de la trinchera social a la arena política y, de la mano del partido Libertad Popular, postular a la alcaldía del distrito de Santa rosa de Sacco.
La trayectoria de Rosales no ha sido convencional. Natural de Santa Rosa de Sacco —con raíces que se extienden entre Cerro de Pasco y Janjaillo (Jauja)— experimentó en carne propia los vaivenes de la crisis local, incluido el cierre de la sede de la UNDAC en La Oroya durante la gestión del exalcalde Carlos Arredondo. Como miles de jóvenes peruanos, migró a Lima, donde trabajó como lavaplatos, para luego forjar su camino profesional en Pasco tras licenciarse en 2009.
De regreso en su tierra, su vocación de servicio se tradujo en acciones concretas: fundó la agrupación social “Generación dejando huellas”, creó una empresa de saneamiento ambiental en plena pandemia y participó activamente en espacios como el Parlamento Joven y el Consejo Provincial de Juventudes. Su rostro también es familiar en el ámbito digital y cultural gracias a Oroya Wood, un canal cultural impulsado junto a su hermano para rescatar la memoria de los barrios, y a su activismo en redes sociales, donde rompe esquemas al evitar la tradicional contaminación visual de las pintas políticas y apostar por banners artesanales reutilizables.

Frente a la disminución poblacional y el consecuente recorte presupuestal que afecta al distrito, Rosales plantea un cambio radical de timón: dejar de depender exclusivamente de una actividad metalúrgica en decadencia y mirar hacia el potencial ecoturístico y tecnológico de la zona. Su propuesta estrella es la creación de la ruta ecoturística de Shacoj Runa, un proyecto diseñado para revalorar las rutas altoandinas, construir miradores e impulsar murales que generen empleo sostenible y reafirmen la identidad local.
En el plano educativo y de seguridad, el candidato sostiene que la modernización no puede esperar. Propone la implementación de cámaras de videovigilancia con inteligencia artificial y reconocimiento facial, además de una capacitación rigurosa para el cuerpo de serenazgo.
Asimismo, busca devolverle la vida a la juventud rescatando espacios como la antigua casa de la cultura —hoy destinada a archivos del Poder Judicial— para convertirlos en centros de capacitación artística y liderazgo, alejando a los jóvenes de la vulnerabilidad mediante la participación activa.
Consciente del descrédito que arrastra la función pública, Rosales define la política con vocación de servicio frente a quienes se han aprovechado de ella. En su intento por romper con la mezquindad política tradicional, busca tender puentes con las comunidades, los comedores populares, las organizaciones de base y la gran empresa privada para exigir una responsabilidad social con impacto real.
Para este joven candidato, su postulación no es solo una aspiración personal, sino el primer peldaño para demostrar que una nueva generación puede asumir el timón de su propio destino sin miedo al cambio.
















