El próximo 12 de abril los peruanos elegiremos a un nuevo presidente y entre los múltiples retos que enfrentará el próximo gobierno será la reducción de la pobreza. Sin embargo, este desafío va más allá de asegurar ingresos suficientes para cubrir gastos básicos, lo que comúnmente se conoce como pobreza monetaria, pues involucra también contar con el acceso efectivo a servicios esenciales como salud, educación y condiciones adecuadas de vivienda.
Tradicionalmente, la pobreza en el Perú se mide en función de la capacidad de cubrir una canasta básica de consumo, estimada en S/ 454 por persona en 2024. No obstante, desde hace cinco años, ComexPerú viene midiendo también la pobreza multidimensional, un enfoque que incorpora diversas carencias que afectan el bienestar y las oportunidades de las personas.
De acuerdo con el último reporte correspondiente a 2024, la pobreza multidimensional afectó a 10.3 millones de peruanos, quienes enfrentan limitaciones en el acceso a servicios públicos de calidad en ámbitos como salud, educación y vivienda. Estas carencias se reflejan, por ejemplo, en la inasistencia al colegio a pesar de estar en etapa escolar; o en hogares donde el jefe de familia no ha culminado la educación secundaria. En salud, se evidencia cuando, ante una enfermedad, las personas no acuden a un centro médico por falta de recursos, lejanía o ausencia de seguro. En vivienda, cuando los hogares carecen de electricidad, agua o desagüe conectado a la red pública; cuando el piso es de tierra; o cuando se cocina con leña o carbón.
Si bien el país ha registrado avances —la pobreza multidimensional se redujo del 63% de la población en 2010 al 29.8% en 2024—, el progreso aún resulta insuficiente. Además, el desafío no solo consiste en ampliar la cobertura, sino también en mejorar la calidad de los servicios. Si bien la cobertura de seguro de salud ha aumentado en los últimos años, falta mejorar el servicio de atención: citas y medicamentos oportunos. Del mismo modo, estudiar en escuelas con infraestructura precaria o tener acceso a agua sin conexión a desagüe representa riesgos para el bienestar de las familias.
Reducir la pobreza, tanto monetaria como multidimensional, debe ser un objetivo prioritario en la agenda pública del próximo gobernante. Avanzar en esta dirección permitirá que más niños alcancen un mejor aprendizaje, que más pacientes acudan a los centros médicos y que más familias cuenten con los servicios básicos en sus hogares. Solo así millones de peruanos accederán a mayores oportunidades.










