Sí a la inversión privada

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La inversión privada habría crecido un 9.5% en 2025, según la última estimación del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Un dato alentador que invita no solo al optimismo, sino también a la reflexión. La inversión privada no es una cifra aislada: es empleo, dinamismo económico y oportunidades para miles de familias. Por ello, recordar el escenario de 2023, cuando cayó un 6.1%, es un ejercicio necesario para no repetir errores que ya tuvieron costos visibles para el país.

En el Perú, la inversión privada se extiende a múltiples sectores estratégicos. La cartera incluye proyectos mineros, de infraestructura en transporte, telecomunicaciones y electricidad, así como actividades agroindustriales, pesqueras, entre otros. A ello se suma un actor fundamental que muchas veces pasa desapercibido: las pequeñas y microempresas. Cada minimarket, restaurante o panadería, por mencionar solo algunos ejemplos, son iniciativas que representan inversión, generan ingresos y promueven crecimiento económico en su entorno inmediato.

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Por su parte, una mayor inyección de capital privado impulsa directamente a los sectores productivos a ampliar su capacidad operativa. Las empresas amplían operaciones, se crean nuevos puestos de trabajo y aumenta la demanda de profesionales y técnicos especializados. Además del capital que ingresa al país, se adquieren conocimientos, innovación y mayor productividad.

Asimismo, contar con inversión proveniente de diversos países es una ventaja que el Perú debe preservar. Según ProInversión, el Reino Unido lidera actualmente la inversión extranjera en el país, seguido de España, Chile, EE. UU. y Colombia, entre los principales. En un contexto global complejo, mantener una postura abierta al mundo resulta fundamental, especialmente en un escenario donde los principales actores buscan condiciones de exclusividad.

Para que la inversión privada continúe expandiéndose, es indispensable resguardar y mantener indicadores macroeconómicos sólidos. Pero no bastaría con ello: se requiere estabilidad política, instituciones fuertes, respeto por los contratos y seguridad jurídica.

La inversión privada es vital para nuestra economía, y su desarrollo depende, en gran medida, de las decisiones que tomemos como país y de los líderes que elijamos, quienes deberían promoverla y generar confianza para su impulso.