Un año más, las agroexportaciones peruanas vuelven a marcar una cifra récord. En 2025, alcanzaron los US$ 14,557 millones, consolidándose como el segundo sector más representativo de la oferta exportadora peruana, al concentrar el 16% de los envíos al mundo. Este desempeño confirma que el sector agroexportador se ha convertido en uno de los más relevantes de nuestro comercio exterior.
Uno de los factores que explica esta evolución es la diversificación productiva. A inicios de los años 2000, la canasta agroexportadora estaba liderada principalmente por los espárragos y el café en grano verde; hoy a ellos se les suman frutas como arándanos, uvas, paltas, mangos y cítricos, que han ampliado la oferta peruana en los mercados internacionales; mientras que el cacao, en sus diversas presentaciones, viene ganando mayor protagonismo.
Otro aspecto relevante es el carácter descentralizador de las agroexportaciones. En 2025, Ica, La Libertad, Piura, Lambayeque y Áncash figuraron como principales departamentos exportadores después de Lima. Por su parte, Junín se ubicó en el octavo puesto, con envíos por US$ 430 millones y un crecimiento del 45.8% respecto a 2024. Detrás de este resultado se encuentra el trabajo de más de 260 empresas exportadoras que llevaron al exterior café en grano verde, cacao en grano, jengibre, cúrcuma y piña deshidratada procedentes de provincias de Junín como Chanchamayo, Satipo y Tarma.
El crecimiento agroexportador resulta aún más relevante si se considera el contexto adverso, marcado por eventos climáticos cada vez más frecuentes. Frente a ello, la respuesta del sector privado ha sido apostar por el recambio hacia variedades más resistentes en cultivos como arándanos y uvas, así como por la adopción de mejores prácticas agrícolas orientadas a optimizar la postcosecha.
Si bien el Perú ha logrado posicionarse como primer exportador mundial de arándanos, uvas y espárragos, persisten brechas que podrían limitar su crecimiento. La conectividad entre zonas productoras y puertos, así como el fortalecimiento de la trazabilidad, es decir, el seguimiento integral de cada etapa del producto, se han convertido en factores clave para sostener la competitividad frente a mercados cada vez más exigentes.
Las agroexportaciones demuestran su capacidad para generar desarrollo y oportunidades; el desafío ahora es asegurar que ese dinamismo sea sostenible en el tiempo y extender sus beneficios a más departamentos del país.










