El Tambo: Un gobierno cimentado en el ego

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Conversé con dos exfuncionarios de la municipalidad de El Tambo. Estas charlas fueron en tiempos y escenarios distintos, pero de ambos saqué una misma conclusión. El problema de la inestabilidad administrativa en el que está enfrascado esta comuna no es de esos profesionales que ahora forman parte de la larga lista de cambiados, sino de uno que tiene un tufillo de dictador.

El alcalde distrital de El Tambo, Julio César Llallico Colca, no gobierna una municipalidad, sino que intenta gobernarse a sí mismo. Ingeniero, doctor y PhD, un currículum impresionante. Pero la gestión pública no se mide en títulos, sino en resultados. Y los hechos son más que claros, pues desde el 1 de enero de 2023, más de 220 funcionarios han sido cambiados, dejando a la municipalidad atrapada en una inestabilidad crónica.

¿Qué explica este caos administrativo? Estas dos fuentes coinciden en un patrón que el burgomaestre tiene como aureola. Intolerancia a la observación, incapacidad para aceptar críticas y una convicción casi absoluta de tener siempre la razón. Es decir, no estamos ante un líder seguro de sí, sino frente a un yo hipertrofiado y frágil a la vez, que cree que el cuestionamiento es una amenaza.

Sin duda, los méritos académicos se reconocen -a cualqueira que los tenga-, pero para el alcalde tambino el problema parece ser cuando alguien sabe más, pregunta más o piensa distinto. Entonces ese funcionario, especialista en su materia, deja de ser un colaborador y pasa a ser una especie de rival. Y al rival no se le debate, simplemente se le cambia, se le expulsa, se le borra del organigrama.

La rotación constante de funcionarios no es solo mala gestión, es una debilidad. Un alcalde que no tolera la autonomía y el cuestionamiento, termina rodeándose de adulones, no de capaces; y entonces la municipalidad deja de ser una institución democrática y se convierte en un escenario de trinchera personal, donde el poder no se comparte, se defiende.

Ese ‘tufillo de dictador’ del que hablan quienes fueron cambiados es un signo de inseguridad. El autoritarismo suele ser el refugio de quien no confía, de quien necesita imponer porque no sabe convencer, pero ni aún así, pues nuestro edil cuanto más pretende controlar, más se le escapa la gestión de las manos.

Gobernar no es someter a otros a la irrefutable obediencia. Gobernar es escuchar, corregir y sostener equipos. Cuando el ego manda más que la institución, la ciudad paga el precio. Y El Tambo ya lo está pagando.